La llana de Cabuérniga desde el mirador de la Vuetuca.
Una vez alcanzada cierta altura sobre el fondo del valle del río Saja, es posible contemplar la coplejidad y belleza paisajística del mismo, a través de la identificación de los elementos que lo componen destacando la magnífica llana de fondo, en una de cuyas márgenes se acantona el río Saja, identificable por la cinta continua de vegetación de la ribera.



Carmona, Valle de Cabuérniga.




Obeso (Río Nansa) y la sierra del Escudo de Cabuérniga, desde la subida al Collado de Ozalba.
Si bien hacia el norte sigue dominando la escarpada silueta de los Picos de Ozalba, hacia el sur los relieves labrados sobre las areniscas cretácicas son mucho más alomados, a pesar de la incisión de los barrancos. A poniente se nos abre la depresión de Quintanilla, también de suaves pendientes que en buena medida han sido abalancadas, ascendiendo las terrazas por encima de los núcleos de Río y Cires. Todo ello se encuentra enmarcado por el telón de fondo que proporcionan los Picos de Europa, hacia el oeste, y la sierra de Peña Sagra, hacia el sur.



El valle de Lamasón y el Collado de Ozalba.




Iglesia de Santa Juliana, (Lafuente, Lamasón)
LAFUENTE. Se trata de un conjunto dividido en barrios por los arroyos que drenan las vertientes meridionales del Monte Arria y del Monte Gamonal. Uno de ellos, el más próximo a la iglesia, proviene de la importante surgencia que da nombre al pueblo. En su caserío predominan las casa en hilera, destacando algunos elementos únicos o escasos en el área: el corral de la Casa de la Corralá, el conjunto de Solorru (en torno a un antiguo hórreo del que solo quedan los característicos soportes) y la plaza de San Pedro en el barrio del mismo nombre, ejemplo nada frecuente en los núcleos rurales de Cantabria. Son interesantes, además, la Iglesia de Santa Juliana, bellísima fábrica romántica de los siglos XII y XIII, y desde otro punto de vista, el molino que se encuentra cerca del puente que da paso al barrio de San Pedro.



La garganta de la Hermida desde el Mirador del  Monte de Catalina.
El camino de ascenso se realiza a través de un joven y magnífico hayedo. Una vez en la culminación, se ofrece ante el viajero una de las mejores panorámicas existentes sobre la garganta de La Hermida, por cuanto que se encuentra en el punto en el que el río Deva cambia de un trazado sur-norte a otro este-oeste, con los picos de Europa a tiro de piedra al otro lado de la estrecha garganta.



El hayedo de Leroba
El hayedo de Leroba, ubicado a partir de los quinientos metros de altitud sobre la ladera de pendiente regular labrada sobre conglomerados finos y areniscas wealdenses, es la masa forestal más importante de la zona. Se trata de un bosque en el que pese al predominio de las hayas, pueden encontrarse algunas Cagigas recubiertas en ocasiones por la hiedra.



Tramo empedrado de un camino entre Sarceda y Selores.




Prados-Concejo de Santotís y Tudanca (Tudanca)
MIRADOR DEL CUETO FORCADA. A 860 metros se accede al mirador del espolón de Cueto Forcada, desde el que se ofrece una panorámica sobre el Prado-Concejo de Tudanca



El hayedo de Saja en invierno.




Invernales en el collado de Hoz




Hayedo en la Venta de Los Lobos
El Hayedo de la Venta de los Lobos, sobre calizas y margas jurásica, se desarrolla desde los mil metros hasta aproximadamente los 680. Con exposición norte, se trata de un hayedo basófilo, relativamente joven pero en evolución progresiva, con seroja poco espesa y uniforme. En el estrato arbóreo, las hayas, dominando la formación, aparecen mezcladas con fresnos, olmos, tejos, cajigas y serbales. El sotobosque, relativamente abundante, contiene espinos albares, avellanos, perales silvestres y hiedras trepando por ellos. A menor altura aparecen el acebo, el brusco y el brezo.



Los invernales de Cotero Moso.
Estos auténticos poblados dispersos se disponen desde casi los novecientos metros de altitud hasta el fondo del valle, unos quinientos metros por debajo. Se trata de un conjunto formado por un buen número de construcciones, casi todas en buen estado y con las praderías en explotación, que configura, junto con las áreas atravesadas en la ascensión, uno de los ejemplos más sobresalientes de utilización ganadera del espacio montano.